jueves, 29 de agosto de 2013

Anécdota

El metro estaba lleno, era la hora pico.
Entre al metro y por suerte encontré un asiento. Empecé a observar a las personas, era lo que más me gustaba del metro, te encontrabas a todo tipo de personas; frente mío había un chico que me llamó mucho la atención. Tenía el color de piel más bonito que podía existir y sus ojos combinaban perfectamente. Estaba sentado en un asiento solo. Quizás podría decir que fue "amor a primera vista" pero no, eso sólo es atracción. Lo observé y era diferente a cualquier persona que iba en el metro. Iba vestido todo de negro, incluyendo esas botas que me gustaron tanto. Tenía el cabello corto y era, como decimos, un cuatro ojos. No era guapo, cualquier persona lo hubiera visto y no se le hubiera quedando observando como yo. Iba escuchando música y llevaba una mochila que a simple vista se notaba que tenía muchas cosas dentro de ella.
Lo primero que pensé que llevaba dentro de la mochila fue:
1.- Cuadernos, quizás era un escritor.
2.- Pinceles y acuarelas, pintor abstracto.
3.- Ropa, sólo viajaba.

Sintió mi mirada porque volteó a verme y sólo le sostuve la mirada. Él volteó a ver a otras personas que subieron al metro y yo lo seguía viendo a él.
Saco su iPod y cambio de canción, pensé que estaría escuchando una buena canción de rock o un buen indie.
El metro hizo la penúltima parada, se paro (aquí hago una pequeña observación, media como 1.82) tomó su mochila y salió del metro. Se quedó parado fuera del metro y saco un cigarrillo de los bolsillos de su pantalón, lo encendió, volteo y me miro, me enseño una pequeña sonrisa y se fue.

Pequeñas aventuras en el metro.

IV

La habitación apestaba a cigarrillo, podría jurar que si te acercabas a oler las paredes encontrarías ese aroma a tabaco. Pero qué más haría encerrada en esa habitación, lo único que me gustaba era fumar un par de cigarrillos, escribir y dormir. Sé que el fumar no era lo mejor para mi salud pero era algo que me relajaba y eso era lo único que quería. 
Mi familia nunca venía a visitarme, quizás siempre pensaron que me gustaba la soledad pero a ninguna persona ni aunque esté loca le gusta la soledad.  Las personas podemos estar solas pero nunca nos gustará estarlo, ése era mi caso. Estaba siempre sola pero odiaba estarlo.

Mi única compañía eran ese colchón desgastado con las sábanas sucias de café, ese cuaderno lleno de textos y un cigarrillo que nunca faltará. Me senté en el colchón, tomé un cigarrillo (el último de la caja) y mi cuaderno e hice una pequeña anotación {Día 245, otro día más con la misma compañía. ¿Por qué no muero ya?}

domingo, 25 de agosto de 2013

Expectativa vs Realidad

Expectativa:
Tener color de piel pálido, ojos color miel, cabello castaño claro o en todo caso azul (todo), tener un pequeño lunar café en la barbilla (lo tengo, pero no es el único), medir 1.60 o 1.65, cabello liso.

Realidad:
Color de piel normal (güera), ojos color café oscuro, cabello castaño oscuro y pedazos podridos (color verde), lunares en la cara del cual sólo me gusta el de la barbilla, mido 1.73 o 1.75, cabello ondulado (antes liso).

miércoles, 7 de agosto de 2013

III

El reloj había marcado las 15:13pm y como siempre la biblioteca estaba vacía excepto por mí y un par de chicos más que siempre veía ahí.
Las paredes de la biblioteca eran cafés claro combinadas con un café oscuro, también estaba adornada con unos cuadros gigantes contemporáneos y otros abstractos (me encantaban más los abstractos, razón por la cual iba a leer ahí). También había unos cuantos carteles con frases de libros y poemas.
Solía ir a esa biblioteca por cómo estaba adornada y porque era la biblioteca a la que menos gente asistía. Conocía ya a todos los que asistían a leer ahí y ellos me conocían a mí.
Un chico que había llegado ese día en la biblioteca me había llamado mucho la atención. Llego empapado en agua y con su paraguas roto, no lo había visto antes. Se quedo un momento en la alfombra de la entrada mientras que el bibliotecario le ofrecía una toalla de papel para que se secara un poco. Dejo el paraguas en la entrada y camino hacia el escritorio del bibliotecario preguntándole quizás donde se encontraba tal sección de algún libro. 
Sintió mi mirada porque volteo a verme. Rápidamente seguí leyendo mi libro.
Fue en busca de su libro y volví a seguirlo con la mirada, se perdió entre los estantes de la biblioteca. Volvió con un libro sobre el tema de la felicidad. ¿Tendría problemas con la felicidad? fue lo primero que se me vino a la mente. Pero un libro no te dirá cómo ser feliz.
Se sentó frente a mí y me dejo ver una pequeña sonrisa. Le regrese la sonrisa y volví a leer mi libro.
Era el chico con la sonrisa más linda que había visto, su dentadura era perfecta y sus labios hacían una curva muy linda, aparte, se le hacían unas pequeñas líneas en cada extremo de la boca, como si fueran comillas. Seguí leyendo mi libro, ahora me concentraría en eso.
¿Quieres ir a tomar un café? Sus ojos eran cafés claro, quizás color miel. Su mirada era profunda, si te dedicabas a observarlo bien su mirada te transportaría a otro lugar, a lo más profundo de su ser. Entonces... ¿qué dices?