La habitación apestaba a cigarrillo, podría jurar que si te acercabas a oler las paredes encontrarías ese aroma a tabaco. Pero qué más haría encerrada en esa habitación, lo único que me gustaba era fumar un par de cigarrillos, escribir y dormir. Sé que el fumar no era lo mejor para mi salud pero era algo que me relajaba y eso era lo único que quería.
Mi familia nunca venía a visitarme, quizás siempre pensaron que me gustaba la soledad pero a ninguna persona ni aunque esté loca le gusta la soledad. Las personas podemos estar solas pero nunca nos gustará estarlo, ése era mi caso. Estaba siempre sola pero odiaba estarlo.
Mi única compañía eran ese colchón desgastado con las sábanas sucias de café, ese cuaderno lleno de textos y un cigarrillo que nunca faltará. Me senté en el colchón, tomé un cigarrillo (el último de la caja) y mi cuaderno e hice una pequeña anotación {Día 245, otro día más con la misma compañía. ¿Por qué no muero ya?}
No hay comentarios:
Publicar un comentario