jueves, 20 de noviembre de 2014

1996.

Puso en el tocadiscos mi canción favorita de The Beatles, me tomó de la cintura y me acerco a él, llevaba su chamarra de mezclilla favorita junto con sus broches de sus bandas favoritas.
Paso sus dedos por mi mejilla, mi cuello, mi hombro, bajó por mi brazo hasta encontrarse con mi mano, la sostuvo y comenzó a bailar lentamente. Mi cabeza comenzó a irse hasta su hombro y sentí ese olor a perfume, sonreí y seguí bailando.

Su mano juguetona se fue metiendo por mi blusa acariciando mi vientre. Me separé de él, lo miré y pensé que era la oportunidad de tener una experiencia a lo The Notebook y también la oportunidad de poder arruinar mi expectativa de tener una primera vez romántica. ¡A la mierda!, desabroche uno por uno los botones de mi blusa y él accedió deshaciéndose primero de su chamarra, se quitó su camisa y me miró, terminé por quitarme el pantalón y él por quitarse el suyo, me lancé hacia sus brazos y comenzó por besarme cada una de las partes de mi cuerpo, su mirada se topó con la mía y me besó  tiernamente los labios haciéndome saber que todo iba a estar bien.
Terminamos haciendo el amor. Los dos perdimos, terminamos enamorándonos. 

martes, 11 de noviembre de 2014

Entre hora y hora.

16:03pm-16:15pm
Caminabas por la Roma y te detenías cada vez que veías una flor, te observé como un león observa a su presa antes de atacar.

16:15pm-16:40pm
Te subías a un pecero y te colocabas los audífonos, te observé todo el camino desde el asiento de atrás.

16:40pm-17:35pm
Saludaste a unos cuantos chicos y te sentaste con ellos a conversar, encendiste un cigarrillo, te reías y veías a otras chicas. Te observé detrás del menú de una cafetería.

17:37pm-18:09pm
Entraste al metro, buscaste un lugar, encendiste el iPod buscaste alguna buena canción o quizás tu favorita y me miraste. Sentí como si el mundo se me viniera encima. Sonreíste. Mi estómago colapso del cosquilleo que me hiciste sentir. El metro paró, seguiste sonriéndome, te paraste y saliste. Las puertas volvieron a cerrarse, te perdí.

jueves, 6 de noviembre de 2014

XXII

Recuerdo la última vez que me llamaste, fue hace dos semanas y la pelea se había hecho más extensa que la penúltima vez. Tomé la decisión de irme y alejarme de ti. París era un buen lugar para ir a vivir y exponer algunas de mis pinturas y fotografías y también exponerme de nuevo en el amor.

Me senté a esperar el próximo tren que salía en una hora, compré un café americano y me puse a observar a todo aquél que pasara frente mío; comencé a imaginarte allí, llegando con un ramo de girasoles (mis favoritas) y un buen libro de amor de esos que me hacen llorar.
-Est occupé?
Deje de imaginarme una historia perfecta de película y puse mi vista al chico alto delante mío.
-Non

Se sentó y observé como acomodaba pequeños cuadernos en un maletín, tenía un perfil interesante. Me miró y sonrió. Su sonrisa era de las más perfectas y sus labios los más pequeños; el azul penetrante de sus ojos me hacían querer nadar en ellos y dejarme ahogar en él.
Sonreí.

Tomé mi cuadernillo y empecé a hacer bocetos, mis ojos se dirigieron a sus manos las cuales tenían manchas de pintura. Es pintor, me dije y sin darme cuenta sus manos ya estaban dibujadas en mi cuadernillo. Sentí su mirada y me dirigí a sus ojos, se acercó a mí, tomo mi mano entre las suyas, separo un poco sus labios y los acercó a los míos, parpadee y me besó. 

Desperté en París.
Era un sueño, historias como esas no existen en la vida real y menos si aún sigo enamorada de ti.





sábado, 1 de noviembre de 2014

Triple equis.

Era la octava vez que The XX se hacia sonar en mi playlist.

Movía las caderas en cada una de sus canciones teniendo encima mis chones y tu camisa favorita.
Nuestros días comenzaban así: café por las mañanas, caricias por la tarde y el amor por las noches. Esa mañana después del café me habías dicho que leíste un artículo en Internet sobre 50 cosas por las cuales no deberías casarte con un escritor, dijiste que yo era la primera razón, la dieciséis y la cuarenta y cuatro.

Te abotone la camisa, te besé la mejilla y tú comenzaste a fumar.
-No soy ninguna de esas razones, nunca escribo. En sí podría ser la razón veinte. Tú y yo siempre nos ocupamos de meter cáncer a nuestro cuerpo.
Sonreíste y apagaste tu cigarrillo.
-Hasta ahora sólo he metido la mitad del cáncer