sábado, 1 de noviembre de 2014

Triple equis.

Era la octava vez que The XX se hacia sonar en mi playlist.

Movía las caderas en cada una de sus canciones teniendo encima mis chones y tu camisa favorita.
Nuestros días comenzaban así: café por las mañanas, caricias por la tarde y el amor por las noches. Esa mañana después del café me habías dicho que leíste un artículo en Internet sobre 50 cosas por las cuales no deberías casarte con un escritor, dijiste que yo era la primera razón, la dieciséis y la cuarenta y cuatro.

Te abotone la camisa, te besé la mejilla y tú comenzaste a fumar.
-No soy ninguna de esas razones, nunca escribo. En sí podría ser la razón veinte. Tú y yo siempre nos ocupamos de meter cáncer a nuestro cuerpo.
Sonreíste y apagaste tu cigarrillo.
-Hasta ahora sólo he metido la mitad del cáncer 




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