Las flores cada vez se marchitaban un poco más... el olor que tenían había desaparecido ya hace algunos días. Así era el amor, o esa era mi ideología en el amor. Cada día que pasaba, él y yo nos separábamos, la esencia de lo que teníamos se iba acabando. ¿Qué esencia?. Gracias gran subconsciente. No, no había ninguna esencia, sólo yo me lo había imaginado.
Un mes antes...
Todo era diferente, éramos felices, éramos... sólo éramos, ya no somos. Él solía tener esa sonrisa picarona que podría derretirme y sus ojos cafés, ese café profundo que podía tenerme en el imsonio. No necesitaba nada más, era feliz, sí, sólo era...
Caminábamos tomados de la mano y a veces andábamos en su auto, escuchábamos la misma canción siempre. Elvis Presley, su preferido. Love me tender, su favorita.
Nos deteníamos en la playa, junto a los pinos en donde se escondía aquel atardecer que nos gustaba a los dos; bailábamos, reíamos, nos acostábamos en la arena y yo lo disfrutaba. Disfrutaba cada vez ese placer que me causaba tenerlo tan cerca de mí, de ser suya y que él fuera mío.
Caminamos hasta su auto, me abría la puerta, él se subía del otro lado y nos alejábamos de la playa felices.
Un mes después...
Se fue, no volverá... Se ha ido y con él mi corazón. Sin decir adiós, sólo un "gracias por la diversión".
No hay comentarios:
Publicar un comentario